La cerveza artesana, el sabor que cautiva en España


La cerveza artesana, el sabor que cautiva en España

La cerveza artesana, el sabor que cautiva en España

Lejos de tiempos pasados, nuestro país vive uno de los momentos más dulces para el mercado de las cervezas. Pero, más allá del auge de esta bebida en los últimos años, el auténtico fenómeno es la creciente tendencia de España como productor y consumidor de cerveza artesanal. Algo que, lejos de ser una moda pasajera, parece haber comenzado a ganar terreno en nuestro país.

 

No hay más que remitirse a los datos. Más allá del notable incremento en el consumo de cerveza en apenas unos años, nuestro país cuenta con un buen número de cervezas artesanales de producción propia que han sabido hacerse hueco entre los amantes de la bebida. Cervezas que ofrecen a los paladares más exquisitos la posibilidad de saborear aromas hasta ahora poco conocidos en nuestro país.

 

CULTURA DE CERVEZA



No se trata de un hecho aislado sino, más bien, de una respuesta a una demanda real: a pesar de que queda mucho por andar, nuestro país comienza a sembrar el germen de una cultura cervecera que no es un hecho aislado. Quizás con la mira puesta en la micro producción artesanal americana, Europa se ha sumado en la última década a esta vuelta a los orígenes de la cerveza artesanal. A ese craft beer inglés que cambió el modelo de pub británico para encumbrar la cerveza como protagonista absoluta de la barra.

Así países como Dinamarca, Alemania o Bélgica van a cumplir una década en la producción de cerveza de corte artesanal. Una experiencia que les ha permitido experimentar con sabores diferentes que reinterpretan la tradición cervecera europea con la innovación de sabores tan singulares como la miel o el chocolate. Una diferenciación en sabor, aroma y cuerpo que se ha transformado en el mayor atractivo de una oferta diferente para una bebida considerada “de toda la vida”.

Lo singular es descubrir que en nuestro país un buen número de cervezas artesanales, como la vizcaína La Salve, desaparecieron rozando la década de los 80 como consecuencia de un mercado que se inclinaba por el vino y otros espirituosos. Una tendencia no solo de gustos del mercado español sino, sobre todo, de consideraciones sociales. 

Hoy, unas pocas décadas después, la sociedad española ha vuelto a cambiar para decantarse por la cerveza artesanal. Un cambio en la tendencia avalado por unos números que lo demuestran: la previsión de crecimiento de la cerveza artesana en España para 2015 es de un 33,5% de crecimiento. Un incremento más que notable con respecto a años anteriores que bien podría ser reflejo de una realidad: España ha comenzado a asentar su propia cultura de cerveza.

 

EL “HANDMADE” Y LA HISTORIA, CLAVES DEL ÉXITO DE LA CERVEZA ARTESANAL



Preguntarse el por qué del éxito de la cerveza artesana pasa por evaluar muchos factores pero, sin duda, podrían resumirse en una sola sentencia: un retorno a los orígenes. Lejos de las cervezas industriales, la cerveza artesanal retoma la tradición más absoluta de su proceso de elaboración. El mimo de un artesano que, fiel al pasado de la bebida, no solo apuesta por ingredientes naturales de primera calidad sino que además se involucra en el proceso de producción de la cerveza.

Es, precisamente, este aspecto manual uno de los principales atractivos de la cerveza artesana. En cada botella, una parte del sabor responde al cuidado del maestro cervecero y supone una garantía de que su gusto es el resultado de la naturalidad de unos ingredientes seleccionados de manera exquisita, a pesar de ser tratados con toda la innovación del momento. Cuidado y cercanía como elementos claves de un sabor con personalidad propia. 

Una seña de identidad diferenciadora con respecto a las cervezas industriales que, además, se percibe en el paladar y en la vista. Y decimos en la vista porque, a diferencia de las cervezas comerciales, la artesana no suele estar pasteurizada sino que debe su fermentación a un proceso completamente natural. Algo que define su aspecto, más turbia y con más sedimentos naturales, y que forma parte de su personalidad.

Y es en su personalidad, precisamente, donde radica el éxito. En sabores diferentes que, partiendo de los ingredientes base de la cerveza, juegan con el paladar de quien las disfruta con cervezas con bases de trigo, escanda y otros cereales tradicionales. Colores, sensaciones y aromas distintos a lo que estamos acostumbrados y que permiten al amante de la cerveza descubrir nuevos matices con su propia historia.

Incluso eso, su historia, marca de manera inherente el sabor de una cerveza y se convierte en parte de la experiencia de disfrutarla. Porque es innegable: incluso el disfrute es diferente cuando puedes ver en el local el lugar donde se produce, como en el caso de la sevillana Taifa o la asturiana Ordum del Ca Beleño , o cuando descubres, como en el caso de la alemana Mikkeller, que una cerveza se denomina a sí misma “una cerveza gitana” por alquilar el espacio de destilación a otras cervecerías.

 

 

LA ALTA COCINA TAMBIÉN SE PRENDA DE LA CERVEZA ARTESANAL 



Son muchos los buenos argumentos gastronómicos que han encumbrado la cerveza artesanal no como una moda pasajera sino como un fenómeno que ha venido para quedarse. Pero, sin duda alguna, el hecho de que la alta gastronomía incluya en sus selectas cartas de bebidas este tipo de cervezas ha supuesto un espaldarazo absoluto. Un escenario novedoso ya que hasta el auge de la cerveza artesanal nunca antes una cerveza había formado parte de una recomendación de bebidas en la alta gastronomía.

Y es sin duda este hecho el que demuestra que la cerveza artesanal ha sabido estar a la altura de otras bebidas exclusivas y colarse en los maridajes incluso de restaurantes con estrella Michelin. Algo que radica no solo en su abanico de sabores y matices sino, también, en ese aura de exclusividad de quienes son sibaritas confesos y demostrados. Los mismos que no solo disfrutan de los sabores de un plato sino que exigen esa misma excelencia a la bebida que lo acompaña. Aquellos para los que saborear es un placer que se hace con calma y sin prisa.

Porque ese aspecto, el placer de su disfrute, es precisamente parte de la experiencia de una cerveza artesanal. Al marcado sabor se le une que, habitualmente, son cervezas con volumen y cuerpo. Una invitación absoluta a tomarse cierto tiempo para paladearlas y disfrutarlas como lo que son: un auténtico momento de placer para los sentidos.